Es la Ira el motivo corazón del relato en que funda su sensibilidad el pueblo más armonioso que ha poblado la tierra.

“Canta, oh Musa, la cólera del Pélida Aquileo”

Es la ira de Aquiles y no otra cosa el centro de la Épica. Las atroces consecuencias para la ciudad de Príamo y Casandra hacen suponer que en medio de todo acontecer es la pasión oscura de la ira la que se halla movilizando al mundo con sus alas negras. Sí, desde luego, Helena que hizo naufragar por su solo existir las vidas de miles de hombres. Sí, sin duda, Paris. Sí, Menelao. Sí, Reso; sí, Áyax. Pero la ira, esa mordida, es Motor mordiente.

Aristóteles de Estagira:

“Al igual que el nadador que se zambulle desde lo alto de la roca no puede detener su impulso antes de hundirse en el agua, el hombre iracundo no puede detener su furia”. Citado por Pascal Quignard en Terraza en Roma.

Geoffroy Meaume, grabador, personaje trágico de la novela Terraza en Roma de Pascal Quignard se alimenta lo mismo de Ira y de Amor pues hay momentos en los cuáles igual que nosotros, personajes trágicos sin novela, no podemos diferenciar una pasión de la otra. Meaume moviliza su mente creativa por medio de esas alas negras de la cólera y ésta adquiere realidad artística a través  de una bella técnica del dibujo que es Sello y Consonancia para la historia personal del artista: el grabado y la estampa. Como se sabe, el grabado, que se nutre de diversos procedimientos (como aguafuerte, aguatinta, mezzotinta o manera negra, punta seca o talla dulce) es una técnica en la que una placa metálica previamente incidida con un dibujo al punzón se introduce a un baño de agua ácida. Esta inmersión en líquido mordiente hace que se produzca el camino de la línea del dibujo. El ácido en la lámina hace que el dibujo se acuñe. El ácido en el rostro, empero, hace que el dibujo de la cara se desfigure pues a Meaume el grabador, un amante desplazado, celoso, loco de ira, le arroja el contenido de un frasco de agua ácida al rostro y al pecho.

La imagen de Meaume, imagen del artista desfigurado, es tan tremebunda como podría ser, por ejemplo, la caída del artista pelipintado Gustav von Aschenbach que muere en las playas del Lido alzando el brazo en pos de la figura apolínea del bello Tadziú en La Muerte en Venecia de Thomas Mann. La imagen de Meaume, imagen del artista desfigurado, naufraga, pero el grabador acuña su espíritu roto en láminas de cobre mientras se introduce a las tinieblas, a los nocturnos.  Y a la ira.

Terraza en Roma de Pascal Quignard me parece una escritura nocturna. Un ejercicio escritural al que se arroja su autor sólo a partir de las dos de la mañana. Palabras legibles sólo en estado soñoliento. Obra de la hora nocturna, la más amiga.* Fanal oscuro: lucidez, sí, pero lucidez de duermevela.

“Trabajar mientras la hermosa amada duerme”

Si la Obra Artística fuera una esfera y le arrojara un haz de luz a uno solo de sus hemisferios yo pondría del lado de la luz al Monsieur Teste de Paul Valéry. A Terraza en Roma la pondría del lado de las tinieblas de mi globo artístico. Los artistas son Monstruos de sentido que forman a partir de lo informe. El monstruo opta por una lengua violenta: todo artista lo hace.

“¿No debería yo convocar al mundo con extrema violencia?” Fausto de Goethe

Monsieur Teste, monstruo de la fecundidad, opta por la lengua violenta de la luz. Mientras que el personaje-motor de Paul Valéry parece revelarse como una fotografía por acción de la luz, el Meaume de Pascal Quignard se revela por operación del ácido: Grabado y Fotografía, noche y día.

Meaume que ama con noble ira a Nanni no cesa de dibujar por las noches. En el día se une a una banda de fascinerosos. Robaba pero la amaba, dice Quignard. Ocho éxtasis le persiguen.

“El grabado es una lengua violenta”

muerde y su bocado lo toma del metal. La lengua violenta recusa del color: no lo quiere ni lo necesita. Meame el grabador fue el pintor del rechazo del color. Comenzó a dibujar con su punzón escenas coitales explícitas y las puso a convivir con imágenes hagiográficas. Pero también la pluma certera de la escritura de Pascal Quignard roe como el ácido la descripción de otros grabados de Geoffroy Meaume: escenas bucólicas salpimentadas aquí y allá con figuras que remiten al Asno del Oro de Apuleyo y personajes “con las nalgas descansando en las pantorrillas” (caquer). Las líneas, en otras estampas, nos insinúan a Dido a punto de suicidarse; “vemos” campanas caídas y autorretratos del grabador que camina entre las tumbas de un páramo. Una estampa muestra a un anciano poseyendo a una joven: es Esther poseída por Abraham; otra, es una postal que muestra a San Antonio cogiendo su sexo con la mano mientras rinde tributo a Onán, ese dios de todas las tentaciones. Y 32 imágenes obscenas. Un grabado más: Hero y Leandro, grabado a la manera negra o mezzotinta.

Geoffroy Meaume murió en Utrecht en 1667 en casa del pintor Gerardo delle Notti. Su cuerpo muerto regresa una y otra vez como el cuerpo de Leandro flotando a la deriva de las aguas. Como Leandro, Meaume el grabador no hizo más que nadar a través de aguas intempestivas para llegarse a donde su amada estaba indicándole el camino como una farola.

“Que tan sólo me den unas aguas que pueda yo hendir con mi cuerpo”. Heroidas, Ovidio. Leandro a Hero.

Que tan sólo me den unas aguas… : esa es la consigna de todo artista-monstruo que con lengua violenta pone sus esperanzas en vientos y aguas. Leandro, el nadador que ama, se ahoga en un intento por cruzar las aguas del Helesponto como solía. Su cuerpo flotante lo recibe en las playas la hermosa Hero con lloro abundante. ¿Quién recibe en las costas el cuerpo con el rostro desfigurado de Meaume el grabador? Alguien que ama con noble ira y noble pasión. Alguien que sea un Monstruo de sentido como el artista, como el lector o el criminal… Alguien que pueda decir con Meaume el grabador:

“Mi Obra está en otra parte”

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