MUARÉ: La bondad

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Cuore. Vestuario de Sol Kellan. Fotografía de Shawna TavskyEl textil muaré tiene la apariencia de un mar ondulante. Tengo para mí que si este cuidadoso tejido hiciera música sonaría como La Mer de Debussy. Frente a la inmensidad del mar todos somos nadadores miniatura: es que el traje del océano nos viene gigantesco. También a los payasos augustos los trajes les sientan grandes. De cara al mar, todos somos augustos. Alguna vez cantó Bécquer: “Olas gigantes que rompéis bramando / en las playas desiertas y remotas, / envuelto entre sábanas de espuma, / ¡llevadme con vosotras!”. Lacuna es una ola gigantesca que rompe bramando y que nos envuelve en una tela cuya urdimbre es la Sabiduría y cuya trama es la Bondad. Pero muy grande es la tela de este envoltorio. Lo que ocurre es que Sol Kellan quiere cubrir el mundo con un manto de magia y supervivencia, de ahí su bondad; más adelante hablaré acerca de su sabiduría.

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La pista del circo es un círculo poderoso. Bordea el territorio de un tesoro que es necesario excavar. En este circo hay que actuar como alguien que excava. Y cada piedra, cada flor, cada brote de este suelo fecundo, es un vestuario. El ceremonial perfecto de este rito circense estriba en que el círculo poderoso contiene en su suelo todos los vestuarios y todas las tipologías. Ahí dentro se hallan los ropajes espléndidos con que han de vestir Arlecchino, el Caballo de Philipp Astley, el León de Calder y Jules Leotard que vestirá un leotardo elástico como goma de mascar. También las prendas de bengala del Tigre y las prendas fuertes del Hombre débil. Ocurre que estas vestimentas nos sitúan ante la frontera del arte y la vida. El juego es el de las representaciones y nosotros habremos de dilucidar, mientras jugamos, quién representa y quién es el representado. Repárese en la profunda bondad con que se borda este juego: la primera regla consiste en preparar el interior para una fiesta.

Primera regla.- No se asiste a un circo, se es circo. ¿Cómo? Siendo actividad. Soy mi actividad y mi risa. Cualesquiera de los espectadores de Lacuna serán invitados a entrar al círculo poderoso para vestir unas prendas que les vendrán grandes (o pequeñas); en todo caso, los vestuarios vendrán desajustados puesto que son las prendas de ese mar inmenso hecho de tela del que hemos hablado. En un momento de escándalo sensible —centro nervioso de la bondad de Sol Kellan— de la pista del circo se exhuma el tutú más colosal que alguna vez se haya urdido. Con él podría ceñirse al gigante Morgante o Pantagruel; el tutú lo llena todo como si se tratara de la inundación de espuma de un champán. ¡Es una ola gigantesca que lo anega todo y que nos impide ver el acto!
Esta naumaquia del tutú convierte al circo entero en un payaso augusto.

Segunda regla.- Una vez que hemos sido vestidos con unas prendas desajustadas, hay que inventar formulaciones para nunca deponer nuestros ropajes gigantescos; en una palabra, hay que poder seguir siendo augustos. En este juego bondadoso se trata de entrelazar corazones desbordantes, a unirlos, quizás, en sueños; todo para “volver a ser humanos entre semejantes”, como escribió Mijaíl Bajtín en su estudio acerca de Rabelais y el carnaval… ¿Jugamos?

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La relación entre el payaso carablanca (Cuore) y el payaso augusto (Panno) presupone una jerarquía. Mientras Cuore sueña, Panno realiza. El augusto es el intendente oportuno que produce las condiciones de posibilidad de lo soñado. En un segundo momento de escándalo sensible, Panno, el augusto realizador, se hace poseedor de un anillo que altera la relación de rangos. Con el anillo puesto, el augusto se convierte en carablanca y el carablanca trueca en augusto transgrediendo la cúpula sensible del juego bondadoso. Como el nibelungo de la saga germánica Panno se empodera y de repente ¡sus vestimentas desajustadas de augusto le vienen ajustadas! Pero Panno es profundamente bueno y profundamente sabio. Cae en la cuenta de que el verdadero poder estriba en no ejercerlo, y por propia voluntad, retira el anillo de su anular para recobrar su condición. El vestuario nuevamente desajustado hace del bobo, un bobo sabio en la medida en que se percata de su existencia y de su devenir. Panno se convierte en causa de sí mismo y, por lo tanto, se hace libre. Vuelve a ser sí mismo entre sus semejantes: nosotros, augustos, que nadamos en un mar que nos viene demasiado grande.

La bondad se ha convertido en sabiduría expresada como conciencia y reconocimiento.

TERCIOPELO: La Sabiduría

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image“Para mí resulta fundamental empezar a conceptualizar el circo como un arte total inacabado, con elementos cuidadosamente hechos sin que llegue a ser una obra perfecta

Sol Kellan

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Narraré brevemente el sueño de una epopeya. Una vez en una ciudad del corazón de La India un campesino surcaba la tierra cuando de la hoja de su arado vio surgir a una pequeña niña. Surgida de la tierra esta niña fue como una flecha que, arrojada en la oscuridad, levantara las tinieblas como si fuera un gran manto negro. La niña nacida del arado surcó de luz el mundo. Su nombre era Sītā. Estoy tratando de narrar un sueño de una sabiduría sin fin, tan difícil de mirar de frente como una constelación brillante. Sītā, nacida de la tierra, sólo puede ver lo rutilante, lo que destella como las auroras boreales. En una ocasión Sītā vio en el bosque a un ciervo que resplandecía como una galaxia. “Un lado del rostro de este ciervo tenía la belleza de un loto rojo, mientras que el otro lado era como un loto azul […] Su vientre tenía el suave brillo de la luna, sus pezuñas eran de lapislázuli” (Rāmāyana, Valmiki).

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A la mitad del camino entre ciervo y pavo real este prodigio es un vestuario. Y Sītā, ya lo he dicho, sólo mira lo rutilante; de este vestuario lumínico podría decirse lo que alguna vez Federico Fellini apuntó acerca del circo: que “no es sólo un espectáculo” sino “una experiencia de vida”. Repárese en algo: debajo de las opulentas luces, oculto bajo la mandorla multicolor, es el demonio Rāvānā quien se oculta en los pliegues de los vestidos engalanados. El demonio se viste de arco iris. Y produce en Sītā un extraordinario regocijo. Sītā enseña con el enamoramiento momentáneo de un vestuario que, en realidad, no se asiste a un espectáculo, se vive, y que el mundo no está dado, se hace en todo momento. En realidad, la epopeya de Sītā en el Rāmāyana estriba en que es ella quien, con sus con sus ojos sólo aptos para lo esplendente, viste al demonio con su vestuario anfibio y prodigioso. De hecho, Sītā viste a los elefantes y a los tigres, viste las montañas elegantemente, viste los bosques de bambú, viste los manglares blancos con un acopio de arpegios.

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“El concepto de lacuna fue un detonador para el desarrollo del guión de circo que adopta el mismo título Lacuna. Es un espacio que está destinado a llenarse con la imaginación, las posibilidades y la agencia de las personas. En el guión que propongo se explora cómo puede llenarse este hueco mediante el diseño de una interfaz que es el vestuario. […] Existe un paralelismo entre el concepto lacuna y la laguna mental del personaje principal y ese puente que conecta la realidad con la ficción, se construye mediante el espectador.”

Sol Kellan

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Los vestuarios con que Sītā-Sol Kellan viste al mundo, lo convierten en un estado de excepción. En última instancia, es la mirada de Sītā un reino de la universalidad en que lo semejante vuelve hacer sí mismo: vestidos de ropas de montaña, la montaña es más montaña; también el bosque y el manglar. Hay que vestir al mundo con el vestuario del reconocimiento y al mismo tiempo convertirlo en un “regocijo experimentado” donde lo que se busca es la abolición de la distancia. En alguna parte Thomas Mann escribió que el mito se viste de galas espléndidas cuando se convierte en rito. El rito circense es el mito engalanado en vestuario de Sol. ¿Pero cuál es el mito que se pone en escena? El mito del reconocimiento que deshace la relación del dentro con el afuera en la imagen transparente de una carpa de cristal; el color transparente es el color más trascendente, como solía decir Chesterton. Es que es el sueño infantil de alguien extraordinariamente inteligente: el circo ya no tiene fronteras espaciales y vive según sus propias leyes: las leyes de la libertad (M. Bajtín). En este complejo mito que es LACUNA las historias se entrelazan a la manera de un fino encaje, hecho de puntos y contrapuntos, líneas de sombra, líneas de magia y supervivencia… ¿Y el color de este encaje? Desde luego es transparente.

NOTICIA: Texto escrito para el programa de mano de LACUNA. EL CIRCO DE TODOS de Sol Kellan. Abril 2017. Crédito de las fotografías:  Shawna Tavsky

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