imageHay un libro de Soren Kierkegaard. Su título es Prólogos. Pero no vaya a pensarse que es una antología de los prólogos que escribió para libros de otros. Se trata, más bien, de una colección de prólogos que Kierkegaard escribió para libros que no existen; libros imaginados, libros que aún el filósofo no había escrito. Creo que esta es una idea poderosa. Dice el autor de forma muy simpática que llegado a cierta  edad uno cae en la cuenta de que no ha podido, por distintas circunstancias, escribir y publicar los libros que uno hubiese deseado; cayendo en cuenta de no haberlos escrito, Kierkegaard escribió, en cambio, sus prólogos.
Es desde luego encomiable haber escrito un libro (aunque hay que agradecer que algunas personas definitivamente no escriban libros). Pero sin duda, en el transcurso de escribir un libro se gestan decenas de nuevos planes para nuevos libros, de modo que podríamos preguntarnos, ¿qué es más valioso: el libro que se ha publicado y, que a pesar de todos los contratiempos está ahí, mejor o peor empastado y ya apilado en los libreros, leído, mal leído o quizás no leído? ¿O es más importante todo aquello que en el proceso de escritura se gesta, nace, es inquietud, posibilidad, afán de existencia? Seguramente las posiciones serían muy encontradas a este respecto. Que Kierkegaard escribiese los prólogos de los libros que aún no había escrito sería equivalente a que la orquesta sinfónica nacional, por poner un ejemplo, mandase a imprimir unos programas de mano que explicaran los movimientos y las circunstancias en que se creó una cierta 6ta sinfonía en re menor que no existe… pero aun así, se prepara el terreno de su recepción.

Pensémoslo durante algún minuto. Un prólogo, respecto al libro, puede parecer una insignificancia, pero se trata de todo un género literario. Octavio Paz y Jorge Luis Borges escribieron espléndidos prólogos para libros de otros, prólogos que luego fueron compendiados. Yo me sé casi de memoria el hermoso prólogo que escribió Juan José Arreola para los Ensayos de Montaigne en la colección de Nuestros Clásicos de la UNAM. O recuerdo los generosísimos textos, llenos de sabiduría y humanidad, que escribía Rafael Cansinos Assens para cada una de las obras de Goethe en la edición de Obra Completa de la antigua editorial Aguilar. Dice Kierkegaard de los prólogos: “los prólogos llevan la marca de lo incidental […], varían como varía la vestimenta. Unas veces son largos, otras, cortos; unas veces son atrevidos, otras, recatados; unas veces son pulcros, otras, descuidados; unas veces son pesarosos hasta casi el arrepentimiento, otras, confiados, casi indiferentes; unas veces no se les escapan las debilidades del libro, otras están devastados por la ceguera, o reparan en aquellas mejor que ningún otro; otras veces es como si el prólogo fuese el primer destilado de la producción […]”.

Yo quisiera hacer un ejercicio semejante al que hizo Kierkegaard y escribir un prólogo para un país que no existe. Pero no deseo hacerlo solo. Quiero pedir la ayuda de los que me escuchan para que escribamos juntos este prólogo. Una vez que lo tengamos listo, lo leeremos a través de este espacio radiofónico a manera de manifiesto y lo publicaremos en la revista Rúbrica de Radio UNAM. Este ejercicio de prólogo no quiere enmendar ninguna letra del texto corrupto del país arrojando chispas flamígeras. No se trata de un ajuste de cuentas personal o para soliviantar los resentimientos sociales, ni se trata de escribir una carta de peticiones, como se escriben las cartas a Santa Claus. Se trata de preparar el terreno de un país por venir. Sentar unas bases, unos fundamentos para el país que deseamos; formulaciones teóricas, sí, pero formulaciones discutibles, que será su mejor garantía de vivacidad: discutir unas ideas vivas y no unas ideas muertas. Con esto nos adelantamos al jurista y nos colocamos al otro lado, en la antípoda geográfica de los opinionistas políticos , que parasitan la realidad, se les paga por ello y en ello fundan sus vanidades.

Alguna reflexión merece esto último. Con frecuencia los prólogos de los libros que leemos los escriben los especialistas más autorizados en el tema de que se ocupa el libro. Pero creo que en este sentido, el que nosotros escribamos nuestro propio prólogo, aún sin ser politólogos, sociólogos, abogados o lo que fuere, hace de nosotros esta figura que hoy ya es tan polémica y que ha sido tan criticada por lo que tiene de heteronormado e incontestable, paladines del provecho propio, que es la figura del intelectual. Pero también quiero decir que la figura del intelectual la inventa Voltaire en el siglo XVIII y por intelectual queremos decir un metomentodo, un inconformista de primer orden. Voltaire metió las narices donde lo deseó con un talante combativo e irreverente, en su pluma afilada fincó su influencia y su prestigio. Pero en esta invención de la figura del intelectual que hace Voltaire hay algo que quizá se haya perdido en el tránsito y que de cuando en cuando, figuras entrañables como Jean Paul Sartre o José Revueltas nos recuerdan. Que no es la razón infalible del intelectual la que da luz, sino sólo su generosidad, la claridad con que fórmulan sus planteamientos (la claridad es precisamente la cortesía del intelectual, como decía Ortega y Gasset) y, finalmente, esa afirmación sorprendente que me hizo un alumno en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM mientras daba una clase acerca de Voltaire, que me dijo que Voltaire, como su personaje Cándido el optimista, en realidad no creen que vivan en el mejor de los mundos posibles y sin embargo ¡cultivan su jardín! El intelectual, por lo menos a la manera de Voltaire, se antepone a la realidad, escribe prólogos y no epílogos. No parasita la realidad, la crea.

Cultivemos, entonces, el jardín del mejor de los mundos posibles, que no existe. Escribamos, entonces, el prólogo de un país que no existe aún, pero que estamos ya formulando. Hagan llegar sus prólogos en un archivo word, no más extenso que una cuartilla al correo electrónico mediosyhumanidades@gmail.com con el asunto Prólogo de imaginación y su nombre completo y en un par de semanas, a través de de mi espacio radiofónico en Prisma RU de Radio UNAM daremos cuenta de cómo se construye nuestro prólogo conjunto. Una vez que haya recibido las escrituras de muchos de ustedes, haré una especia de collage, o ejercicio de cut-UP para tener una escritura conjunta. Leeré el Prólogo al aire el lunes 3 de julio, será la celebración artística y utópica de los prologuistas de un país que todavía no existe…

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