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imageAIÓN, pensar el pensamiento del arte es una serie radiofónica en 5 entregas que se transmitió por Radio UNAM con motivo de los 80 años de la emisora. La serie busca revisar los programas radiofónicos que en las pasadas décadas han tratado acerca de teoría, historia y crítica de arte plástico mexicano. Frida Zaldívar produjo la serie y yo me encargué de la voz y de los argumentos. Ambos realizamos una labor de selección y curaduría de entre más de 300 audios obtenidos de la Fonoteca Alejandro Gómez Arias de Radio UNAM y la Fonoteca Nacional. Algunos de mis entusiastas alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM nos ayudaron a prestar oídos a las muchas radiofonías y, desde luego, a tratar de enmendar, aunque fuera un poco, el lamentable ‘mal de archivo’ en el que se encuentra la mayor parte de los documentos sonoros.

AIÓN propone 6 tesis:

1. Cuando escuchamos algo entrañable por radio, no podemos olvidarlo, pero tampoco podemos recordarlo con nítida claridad.

2. Cada quien crea a sus propios precursores.

3. Hacer radio es hacer historia. Se hace historia y se la piensa a un tiempo. No hay tiempo que perder.

4. En el arte lo más insignificante es sagrado, ¡y el arte desborda a la historia!

5. La radio es una provincia pedagógica donde se cultiva la amistad y el pensamiento. El pensamiento tiene realidad.

6. La radio es un lugar de aparición. Lo que aparece es una imagen densa, apasionada, a partir de la palabra.
Vemos esta imagen con la imaginación y la imagen imaginada no es sino la expresión de que el sonido es el objeto de nuestras contemplaciones.

Aquí los programas y sus sinópsis: [Dé click en el enlace para ir al podcast]

Tentativa I

-Radiofonías y fantasmagorías: su redención

Kronos, Kairós y Aión

-‘Museos en el Aire’ de Raquel Tibol

-La ética, el combate y la voz radiofónica de Raquel Tibol

-Vlady como crítico de arte

-La Reflexión, la Razón y la Bondad

Tentativa II

“Cada escritor crea a sus precursores”, Ernesto de la Peña

‘México y su arte’ de Alberto Híjar

-Método y cacería de poéticas en un sistema-mundo

-Luis Argudín en ‘Galería Acústica’

-Hacer radio es hacer historia

Tentativa III

-La idea de Jorge Alberto Manrique

‘Crítica de las Artes’ de J. A. Manrique, Lelia Driben, Huberto Batis, etc.

-Inteligencia dialogada

-Andanzas radiofónicas de Manuel Marín: la 1º y la 2º Primera Bienal de Escultura Imaginaria, Galería Acústica, Todas las Vidas de Vasari

-Provincia pedagógica e imaginación vivida

Tentativa IV

-¿Cómo acercar lo audible radiofónico a lo que es visual?

‘Bastidor Acústico’ de Diego Ibáñez y Daniel Escoto

‘Cuaderno de los Espíritus y de las Pinturas’ de Otto Cázares

-Ni imagen ni sonido: la identificación de ambas

-La radio como el lugar de aparición de la imagen

Tentativa V

-Transformarnos en el sonido que escuchamos

-El olvido

-El sueño pedagógico: Universidad Radiofónica Internacional, URI

‘Centenario del Impresionismo’, traducción de Rodolfo Alcaraz

-La comprensión y la felicidad

-Lo que el Ser fue… a través de la radio

 

COSMORAMA_Otto Cázares_Cosmorama: Ensayos / Artículos / Guiones radiofónicos de Otto Cázares

216 pp.
Publicaciones & Fomento Editorial UNAM
ISBN 978-607-02-6799-4
Precio al público: $200

Puntos de venta:

Librerías UNAM
Facultad de Filosofía y Letras. UNAM
Radio UNAM

Informes:
ottocazares@gmail.com
ofenauta@gmail.com

4º de forros:

¿Quién se había preguntado por Guillermo al pensar en Werther? ¿quién ha buscado encontrar lo inacabado en la última obra de Tiziano que, completada después de su muerte, sigue sin acabarse nunca? ¿Quién se preguntó por la vocación de Alberto Durero cuando muere por la curiosidad de su talento?

Hay tres deslumbrantes ámbitos a lo largo del Cosmorama de Otto Cázares que nos mantienen en movimiento como lectores: la vocación artística, lo inacabado y lo oculto […] tejiendo de manera magistral la música con la literatura, la filosofía con la pintura y el arte con la vida experimentada en primera persona.

Manuel Marín

georamaLos mejores textos acerca de medios de comunicación son, en realidad, contrarios a los medios de comunicación. Ahí está, por ejemplo, el breve ensayo de Jean Baudrillard Requiem for the media (Muerte para los medios de comunicación) que fue escrito en 1972 cuando la sociedad de la información no era aún más que una idea fuera de foco: una utopía que, a ratos, se percibía como una distopía. En su artículo, el sociólogo francés buscaba la tentativa de sostener una charla con dos teóricos de los medios de comunicación: Marshall McLuhan por un lado, y Hans Magnus Enzensberger por el otro. Como se sabe, McLuhan criticó a los medios porque en ellos se toma a la botella del náufrago por su mensaje. Pues claro: en la ecuación “el medio es el mensaje” nadie conoce ni los motivos del suicida ni el paradero de los infortunados robinsones. ¡El receptor se queda con una carta cerrada en una mano y una botella tapada en la otra, y las toma por los mensajes! McLuhan llega a la conclusión de que en los medios de comunicación lo que falta es, precisamente, comunicación; dicho de otro modo: en los medios de comunicación no hay comunicación, sólo medios. Baudrillard y McLuhan coinciden en un punto: el mecanismo de los medios audiovisuales es el medio sin mensaje y la imagen sin imaginación.

Pero éste es el diagnóstico (nada halagüeño, desde luego). Falta el tratamiento. Baudrillard coincide con Enzensberger. Es necesario –dicen ambos— invertir el orden usual de la secuencia emisor-productor-receptor. ¡Que el receptor también produzca sus mensajes! ¡Que el radioescucha se mueva de su poltrona y que él mismo… haga radio! Su mensaje mediático se conservaría, de este modo, en un terreno fértil (terreno sociocéntrico, lo llaman ellos), es decir, se producen mensajes dirigidos a la comunidad auténticamente involucrada (lo que representa ya, desde luego, un contra-ritmo, un contra-poder, un sentido contrario a los medios de comunicación y a su vocación por dirigirse a masas anónimas). Ante el anonimato, ofrecer rostros. Ante la masa, la comunidad involucrada.

Pero el pensamiento de Baudrillard toma, por último, un sendero que lo lleva a acercarse al pensamiento artístico: el situacionismo. Es necesario, piensa, trocar el mensaje-sin-comunicación por una experiencia; es necesario trocar el discurso usual por una situación (regresaré a esta palabra).

La divulgación de las humanidades a través de los medios de comunicación es un campo problemático. En la divulgación, el mensaje (mensaje entendido como un contenido objetivo emitido por alguien y recibido por otro) se torna noticioso. Se dan noticias de algo que sucedió –o esta sucediendo allá, lejos— en alguna otra parte, menos en ésta desde la que hablo. El resultado: la Historia, la Ciencia y las Artes mueren de frío cuando deberían conservarse en el estado en el que se encuentran: en estado de ignición (ya Walter Benjamin ha puesto el acento en el aviso de incendio de la historia). ¡La Cultura se está incendiando y la divulgación sólo da el pronóstico del tiempo!

Ahora bien. En mi opinión, en la radio es necesaria una actitud paradójica: la pasividad saltadora de un gato. Un ser calmo, listo para saltar en cualquier momento. A la oralidad radiofónica le toca decir algo que la palabra escrita no pueda decir: y es que tiene al sonido por aliado. Desde el punto de vista del guión, hay que aflojar la cuerda, casi siempre tensa de la lengua (lo cuál no significa adelgazar o hacer enclenque al lenguaje). Hay que llevar la bibliografía escondida en los pliegues de la memoria para que ésta salte de súbito en cualquier situación, y aquí vuelvo a la palabra. La situación es dinámica, la divulgación estática. La divulgación le pertenece a la cabina radiofónica, la situación, al mundo. La divulgación se queda fuera de la fiesta a la que ella misma ha convocado. La situación, en cambio, invita a una fiesta ante la que no se arredra su anfitrión. Yo diría: ¿has convocado a una fiesta? ¡Baila!

Desde que comencé mis trabajos en la radio universitaria, en 2007, supe que no quería hacer una radio desde la cabina radiofónica. Concibo la radiofonía como un momento dinámico; el saber, por lo tanto –mediatizado y puesto en dirección de la opinión pública— es un saber dinámico. Se Ponen en Acto, al mismo tiempo, saberes y emociones. El poeta del romanticismo alemán Friedrich von Hardenberg, Novalis, escribió en uno de sus fragmentos enciclopédicos: “Sabemos algo en la medida que lo podamos expresar. Cuanto mejor lo expresamos, mejor lo conocemos”. Y esto es  verdad por lo que toca a la radio. Hay un sentido de la ejecución en la radiofonía, un sentido performático en el que se sabe y se actúa a un tiempo. De este modo, el mensaje muda a una experiencia. Una experiencia, enmarcada en una situación. Quiero compartirles la breve producción radiofónica de título: ‘Quisiera ser zapatero’, grabada en una sola toma, en un café, y en la que se enlazan saberes, emociones, memorias e intuiciones. [Dé click aquí: Quisiera ser zapatero]

En mi experiencia radiofónica he intentado lo que Walter Benjamin propuso en sus Modelos de Audición, que son sus contribuciones radiofónicas al pensamiento filosófico, crítico y de historia cultural: “poner el conocimiento en dirección de la opinión pública y poner a la opinión pública en dirección del conocimiento”. A esta dialéctica se suma, en mi caso, la búsqueda de una situación. A menudo se suelen clasificar mis trabajos como ensayos radiofónicos. Probablemente. Dejemos el problema de la clasificación de mis trabajos para cuando tenga que decidir en qué categoría participar en la próxima Bienal de Radio. Permítanme no utilizar la clasificación ensayo radiofónico, sino el probable eufemismo de “pequeños torbellinos turbadores”. A través de pequeños torbellinos turbadores busco habitar el aspecto caleidoscópico de la cultura. Contenidos dinámicos de saberes inestables. Los conocimientos transitan, pero su tránsito no implica caducidad: implica una sucesión en una serie de índices temáticos.

El flaneurismo ha sido, por lo tanto, uno de mis métodos de trabajo. Salir a caminar con grabadora en mano persiguiendo esa sucesión de índices culturales. Habita en el tránsito y en el rodaje sonoro, una erótica con el conocimiento además de una heurística. Desde mis primeros trabajos radiofónicos hice mía una frase que aparece en la obra radiofónica de Walter Benjamin, de título “Qué leían los alemanes cuando sus clásicos escribían”, que se transmitió por Radio Berlín en 1929. En ella, una voz, La Voz del Romanticismo, dice: “El conocimiento sin humor acaba conduciendo al oscurantismo, al dogmatismo y al despotismo”. Esta es una verdad granada que, opino, debería estar escrita en el quicio de la puerta de todas las radios culturales.

En mi experiencia en la radio cultural, he notado que a veces no se trata de soltar datos precisos y fárragos que intenten suplantar al aula o el diván del psicoanalista, sino de provocar una avalancha de sensaciones y evocaciones, provenientes tanto del mundo de la vida –para utilizar la formulación de Hans Blumenberg—como del mundo teórico. Un río hirviente de magma teórico-conceptual, histórico-cultural pero también empírico. Imagino a un posible radioescucha de mis producciones: ¿qué dijo este sujeto de las utopías técnicas? No puedo asirlo, pero no me es ajeno. ¿Ernst Bloch? ¡Ah! Buscaré algo de Ernst Bloch la próxima vez que me pare en una librería. La transmisión en este nivel primario de transmisión bibliográfica ha surtido efecto. Pero aquí surge la pregunta ¿porqué es necesario defender a ultranza un lenguaje específico y culto? ¿Por qué es necesario que un autor friccione contra su productor por defender determinadas formas de decir? Porque precisamente la radio, el periodismo y los medios de comunicación han esquilmado y empobrecido la lengua sustrayéndole dorados vellones de palabras, de modo que el idioma resulta, en los medios de comunicación, un monte pelado. ¡Defender a ultranza las semillas del lenguaje! La auténtica aventura radiofónica consistiría en hacer que las palabras aporía, fenomenología, existencialismo, metempsicosis sean percibidas como naturales, términos que usamos en el mundo de la vida y no exclusivamente en el mundo de la teoría. Defender decir en radio la frase: “el aura es una aparición irrepetible de una lejanía por cercana que pueda hallarse” y aún así percibirla como algo perfectamente natural. Pienso que la invención de situaciones hacen pasar por natural, lo que en la divulgación se escucha antinatural.

Hay en mis búsquedas radiofónicas una interrogación acerca de los límites de lo audible. ¿Cómo acercar lo audible a una raíz visual? Este era el problema planteado por Manuel Marín y yo cuando en 2013 llevamos a la radio el libro Vidas de los más excelentes arquitectos, escultores y pintores del renacimiento de Giorgio Vasari. En múltiples ocasiones el guión llevaba la indicación de la écfrasis radiofónica cuya contribución estribaba en inventar sonidos para las obras visuales abordadas. Hay, finalmente,  un afán de llevar la radio a sus últimas consecuencias visuales al tratar de hablar en radio de pinturas y dibujos a través de medios sonoros no exclusivamente lingüísticos. De modo que existe un ejercicio radiofónico de amplio espectro: más que un guión, hay un dispositivo de desciframiento: se descifra la palabra, al tiempo que se descifra una imagen al tiempo en que se descifra un sonido. La confabulación de tres niveles distintos de desciframiento desborda al guión radiofónico.

En el “Pequeño libro de la subversión fuera de toda sospecha” Edmond Jabès cuenta esta historia: un sabio se quejaba “Sólo tengo malos discípulos, buscando imitarme, me traicionan; creyendo asemejárseme, se desacreditan. Tengo más suerte que tú –dijo el otro sabio— habiendo dedicado mi vida a interrogar carezco naturalmente de discípulos”. En el “Laboratorio de Medios y Humanidades” que he tenido la fortuna de impartir para los alumnos de la carrera de historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con nociones de situacionismo, paisaje sonoro, nociones de autor como productor, cortocircuito y metáfora, más que un historiador detrás de un micrófono tenemos a un especialista en asuntos humanos. Un evocador profesional, que produce una radio que transita entre índices culturales.

Quiero compartirles una producción radiofónica de la alumna Isabel González Flores, alumna del 3º semestre de la carrera de Historia. En su segunda entrega del semestre. [Dé click aquí: Adriana Isabel González Flores. La música como el lenguaje de lo bello]

Resumo mis posturas para una contribución a la radio cultural en 3 proposiciones:

1.- Defensa de la figura de la luciérnaga (y aquí hago una variación radiofónica al planteamiento de supervivencias de Georges Didi-Huberman). La luciérnaga aparece súbitamente en la noche cerrada. Su resplandor es menor. El sistema de la luciérnaga es aparecer de modo inesperado. Lo mismo debería suceder con el conocimiento: una aparición menor pero siempre sorprendente. Bella de ver y de oír. No necesita reflectores, necesita, por el contrario, cierta oscuridad para que su fulgor sea percibido.

2.- Desarrollo de una heurística para el medio radiofónico con fundamento en la interdisciplinariedad. La situación celebra, excava, recuerda, inventa donde inventar significa dar a ver, dar a oír.  Hay en este proceso una erótica del conocimiento. A través del juego, hay un paso de la epistemología a la sensibilidad y la sensualidad.

3.- Desarrollo de un  pensamiento radiofónico como método idóneo para la expresión de imágenes, metáforas, conceptos y postulados del conocimiento histórico. Es posible –y necesario, quizás hoy, más que nunca— producir conocimiento a través de los medios de comunicación. Sin embargo, lejos de colocar un micrófono o una cámara de video frente al especialista o al académico, se requieren especificidades en el tratamiento de la erudición y el conocimiento: una invención propicia para el conocimiento histórico, filosófico, lingüístico y hermenéutico que no actúa en detrimento ni en aligeramiento de sus contenidos.

*Conferencia leída el 22 de septiembre de 2015 en La Semana de la Historia. Comité Mexicano de Ciencias Históricas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM 

*Invitado por la gran poeta Alma Karla Sandoval, el 20 de abril participaré en el Segundo Encuentro de Poesía ‘Bajo el volcán’ en Cuernavaca, Morelos. En mi participación leeré este texto titulado ‘Cómo hago lo que hago’.  

Me gusta pensar mi pintura como una actividad en la que la mayor parte del tiempo pinto cosas que imagino y pienso, pero no que veo. Las pinto para poder verlas: para poder dar un cuerpo y un lugar a eso que he imaginado y pensado. Pero yo soy de aquellos que piensan cuando escriben; yo le doy forma a mi pensamiento cuando escribo. Me sienta cómodo. Hay muchos tipos de escritura; yo practico tres tipos: el ensayo, la poesía, y una tercera especie a la que he dado una palabra que he tomado de Ezra Pound, el psicograma.

Se pueden hacer ensayos en distintos formatos. El más usual es el ensayo escrito pero hay ensayos en cine que llamamos documental, hay también ensayos radiofónicos que llamamos feature; y puestos en esas, podríamos decir que la práctica del dibujo es ensayística por excelencia. El ensayo permite deambular: es como un dibujo en prosa. Yo dibujo en prosa constantemente; lo estoy haciendo en este momento, por poner un ejemplo.  Las 4 formas de caminar por la ciudad de Tristam Shandy son ejemplos de ensayo. El resultado de caminar y de ensayar es un dibujo.

 A diferencia del ensayo, que se propone principalmente ‘hablar acerca de’, la poesía está más cercana al silencio esencial de las cosas. El ensayo es locuaz, la poesía se inclina al silencio. La poesía le hurta al mundo sus evocaciones: su palabra es un robo; de ahí que no sea raro que Hermes-Mercurio sea dios de la palabra poética pero también dios de los ladrones. El poema es el recipiente de las evocaciones que has hurtado.

Leeré algunos ejemplos de mis hurtos o de mi escritura poética, como ustedes prefieran:

Preludio Psiqué
Amada hija de otoño
tus melodías vihuela silente,
crátera llena de eclipses, vuélveme a tañer.
Coge plectro, oculta Safo:
décima cuerda siembra en tierra y brote de Otoño
minué en el espejo de octubre.
Gris el día de sol oscuro,
danza Muerte o Eros carcajea.
Hice el sueño antes que Invierno
vi en Trípoli a la décima
que hundió en yermo páramo el monocordio
danzando minuetos y silentes cantos.

O bien, este poema que celebra a nuestra maltrecha patria:

Crío en la boca

Y Sardanápalo
que asesina sobre una tierra inclinada hacia mí
cruza con mirada de arrebol su gran camastro.
Espera bermeja y el párpado ennegrecido.
Nínive aviesa en 661 antes de Cristo
Y coreografía de homicidas
Y signos inscritos por homicidas que bailan.

Los perdigones implotan bajo agua espesa.

Pero la sentencia del aullido es mañana
y silente acecha el lince, el mono.

Yedra en el pincel.
Yo sé lo que el pincel como perdiz
lleva como crío en la boca
Retorcido México en 2010 después de Cristo
y coreografía de homicidas
y los mismos signos inscritos por homicidas que bailan.

Cuando el misil implote el peso devorará de un trago el sonido.

Pero no todas mis evocaciones son de tan terrible continente. A continuación leeré para ustedes 2 poemitas de espíritus antitéticos al que acabo de compartirles:

Los árboles frente a mi casa
caminan como el bosque de Birnam.
Toman los árboles las ramas a su alcance
y vienen a estregarse como un
gato a zalamero a mis córneas.

Luego me doy cuenta
que no es el bosque sino yo
quien se restrega como gato
contra las pantorrillas del parque.

Entonces arqueo la espalda
en mi balcón.

Y uno más,

Al mundo no le gustan los teléfonos.
Desgarran el espacio con su sonsonete de oficina.
¿Por qué los teléfonos no suenan más que a oficinas
y no, por ejemplo, a restaurantes?

Los teléfonos son el instrumento incómodo
de las orquestas sinfónicas.

Son despertadores. Expergefacio.

Son zafia realidad.

Dan al traste al ensueño que no tiene teléfonos antes de todo teléfono
cuando todo era telégrafo ¡Hasta que suena el teléfono!

Ahora abriré para ustedes una página de mi cuaderno. Siempre llevo un cuaderno conmigo: para mí, un cuaderno es una especie de Carta Náutica. Lo abro  para mostrarles que cuando escribo, a menudo voy tachando palabras, voy cancelando frases: a veces cambio preposiciones o juego con las sintaxis. Pero la hoja de mi cuaderno registra todos estos cambios de parecer. Queda en la hoja el registro de mis indecisiones lingüísticas. En lo cancelado habita otro poema que yo ignoro. Los tachones conforman Constelaciones de lo in-dicho, otra forma del dibujo.

Un laúd afilado que corta el silencio

Busqué el placer de abismarte
Volver tu mente un voltaje de agua salada
Hacer de ti el abismo que quiero

Busqué quitarle la palabra a la palabra

Busqué decirte una palabra
Y me equivoqué de palabra al decirte ‘adiós’

Y con el mismo espíritu de cancelación, un poema un poco difícil de leer en voz alta. Haré mi mejor esfuerzo, sin embargo:

>chrrickkk plokt chirriririk lulk pkljc<
rrrrrrrrrt pct crick
chirr – chirr — chir — rikk
el sonido de una abeja que se ahoga.
Mi abeja. Mi mensajera

Mi mensaje está muerto.
chirr – chirr — chir — rikk
Mi mensaje está muerto aún
hace muchas gotas.
Muerto—chirr—hace muchas gotas.
Rikk—rikk—riik — — —

Morí ayer cuando perdí un diente.
Y el punzón, muerto aún,
hace muchas gotas,
cuando mi mensaje todavía moría
y moría aún en medio de un Elogio
rrrrrrrrrpt pqkt —rikkk—

Pero he aquí que se vislumbra un nuevo amanecer. ‘A veces pueden pasar siglos entre dos amaneceres’ decía Joseph Conrad:

Evocación sísmica (o Saludo al Amor)

¿Pero de qué sirve una sombra
si no hay luz que me la signifique?

¡Hola, amor! que significas la penumbra,
voz desde la antumbra,
moviéndote por las costas del claroscuro.

Las pinturas como los poemas, son también recipientes. Yo pinto para recordar. Y para dejar hallazgos de la navegación de mi existencia. Recordar a alguien o algo que se ama, o asegurarte de recordar algo que no quieres olvidar. De ahí que la palabra en latín Memento  –que significa ‘Recuerda’, así, interpelándonos en imperativo— me parezca afín al espíritu de la pintura.

La primera vez que intenté confabular la palabra con la imagen fue en mi ‘Fábula simbólica de Amor y Psiqué’. Se trata de un poema de largo aliento con el tema clásico de Amor y Psiqué donde mezclé los acontecimientos amorosos y desamorosos que vivía por aquellos días con mis propias teorías acerca del amor, la visión, la invisibilidad, etcétera. En realidad, se trata de una colección de versos que buscan una descripción de ese animal fantástico que es el amor; por eso no es descabellado llamar a mi fábula Bestiario cuya búsqueda era explicar una filosofía artística por medio de una filosofía amorosa. A partir de mi poema elegí 10 momentos para ser trasladados a la pintura.

A continuación daré 3 ejemplos que muestren la manera en que trabajé mi ‘Fábula simbólica’. La pintura que es la puerta principal de mi relato pictórico se basa en la descripción de lo que llamé ‘la conversión de lo dulce en mirada sorprendida’ y parte de las líneas 58 a 79 de mi poema:

Enferma de parentesco, comenzó ya la metástasis para la del fecundo aliento.
Pobres Amor y Psique, no hubieran roto el vínculo de la semejanza:
suspendido hubieran dejado el bello instante en que brota lo discontinuo.
¡Aciaga continuidad! Cupido con alas teñidas de colores
se aproximó a Psique que con su aliento dibujaba el contorno de una naranja
y colocó un beso en la vena azulosa que serpenteaba su sien.
Y ella sintió ciegamente los suaves labios de Amor
y luego el frío volátil que dejó su impronta.
Y de repente ¡oh, continuidad! el fructuoso aliento de Psique
que dibujaba florituras en el aire, fertilizado por el beso de Amor,
comenzó ahora a dibujar el contorno
de múltiples abejas y de verdes moscardones.
Un nubarrón de insectos zumbantes
nacía de la boca del instrumento
como si un dulce cristalizado de azúcar y maple
comenzara a descomponerse en el interior de la del aliento fecundo;
como si un soplo de dulzona fetidez
de acaramelado y confitado descompuesto
ya no atrajera sólo al alado Amor
sino a toda clase de insectos repugnantes y palomillas
que se acercaran a succionar la dulzura de la pus
o la miel pardo-rojiza de la gangrena.

Lo mismo sucede con la segunda pintura, de título ‘Some legs! e hipertrofia’ que parte de las líneas:

El silencio del bosque era tan absoluto que destrozaba los oídos de Psique.
La dimensión exorbitante de los árboles —dieciséis hombres
tomados de las manos no hubiesen circundado el gigantesco tronco—
hizo que se estremeciera empavorecida
pues secuoyas gigantes de mayestático tronco se unían en un punto
que se perdía en una lejana altura insospechada
cuando Psique intentó lanzar con la mirada, una escapatoria.
Paralizada en su lecho de césped por la gigantesca visión, Psique
intentó asirse de algo y, encrispados los dedos, comenzó a arrancar el pasto
alzando sus ojos al hipertrofiado follaje de las alturas:
angustia de inmensidad desde su lecho de césped
aprisionado por las más fecundas hipertrofias del suelo pues
gigantesca jaula de árboles milenarios era el cautiverio de Psique.
Capturada en el abultamiento de la naturaleza
se pronosticó aterradoras noches.
“¿Es este mi nuevo desposorio con la intemperie?” pregunta la de hermosos brazos.
“¡Formidable intemperie; atroz exorbitación!
¡Superabundante esposo: devuélveme la pequeña proporción!
¡Horror me causa cuanto veo!
Como floritura de mi aliento, así quisiera yo ver fecundado el mundo
¡Horrorosa desmesura! He aquí el soplo del mundo y la palpitación del ritmo
¡espantable nacimiento de amor!
Vértigo y vómito me causa cuanto veo
y la enorme arboleda se reclina concéntrica ante mis ojos.
¡Vértigo y vómito!
¡Vértigo y vómito!
¡Vértigo y vómito!

Un ejemplo más. Estas líneas aparecen hacia el final del poema donde

La noche arrojó su manto estrellado.
Se diluyeron los perfiles y Psique, con una exacerbada voluntad de ver
con la caída de la noche dispone todo
para arrebatarle a la penumbra un instante de mirada

A partir de las líneas precedentes, la pintura de título ‘Paréntesis de Visión’ muestra a Psiqué arrojando la mirada a un abismo. El pozo representa el despeñadero profundo que hay en el centro mismo del amor. Psiqué arroja una mirada a lo abismal que le muestra al ser amado: he ahí el leitmotiv de todos los relatos amorosos. Psiqué ve al amado en la profundidad y yo sitúo ese “arrojo de la mirada” en una cúpula de mosaicos bizantinos. Un nimbo de luz destellante,  un panal luminiscente, es la metáfora del ‘prender la luz’ presente en el relato clásico de Amor y Psiqué.

El río poético va a desembocar al mar de la imagen plástica.

Pero, ¿cómo procuro encaminar estos ríos caudalosos?

Me parece que ahora puedo desarrollar el tercer tipo de escritura al que me he referido: el psicograma. Un psicograma no es todavía una pintura. Tampoco es un poema. Es un lugar intermedio. Concibo a los psicogramas como evocaciones hurtadas al mundo –igual que los poemas— pero perfiladas a través de la imagen. Dicho de otro modo, a la palabra poética se le hurta una cualidad visual; como el foco en negativo de Stephane Mallarmé o las experimentaciones poéticas de e.e. cummings que no pueden leerse sino como ‘visiones poéticas’.^

Los psicogramas son un registro gráfico de los movimientos psíquicos en un estado todavía pre-pictórico. Un poco escrituras, un poco imágenes: grafías que perfilan una evocación. Estos registros psíquicos a los que llamo ‘escritura psicogramática’ me ayudan a extraer las imágenes que después voy a pintar. Si me aceptan ustedes  la comparación, es como cuando en la oscuridad los ojos comienzan a amoldarse a las penumbras y poco a poco se van perfilando, en la misma oscuridad, los contornos de todas las cosas. Le prendo la luz a la oscuridad textual para poder ver.

Los psicogramas son todas las notas, marginalia escrita y trazada: grafismos de la psique inquieta. Ejemplos de psicogramas:

Los psicogramas están sujetos a un proceso de ajuste, composición y medida. Si el punto de partida es la poesía, sólo por medio de una ‘puesta en vibración’  la pintura se convierte en el punto de fuga. Lejos de poner en escena, busco poner en vibración: vibran los colores, los planos, vibra el dibujo, vibran todos los estratos de la pintura. Vibra la psique. Sólo poniendo en vibración puedo llegar a ver lo que he pensado e imaginado.

Ahora el recuerdo –y el olvido—tienen un lugar: le devuelvo al mundo como pintura la evocación hurtada como poesía.

Pero aún hay algo que no debo dejar pasar por ningún motivo. Siempre intento dar a mis escrituras, a mis dibujos y a mis pinturas una cierta autonomía. No es necesario que para ver mis pinturas hayan de leerse mis poesías, ni que para arrojarse a mis escrituras hayan de tenerse por un lado mis pinturas.  Camino por los límites de la pintura y la poesía sólo en el psicograma,  pero aún deambulando por él, deseo unir a las dos disciplinas para dejar libres a mis impulsos creativos y autónomos a sus resultados. En una palabra, busco que se tengan en pie por sí solos. Que se basten en su mismidad.

He de decir que como cualquier sistematización artística, la sucesión de transformaciones que he descrito se resiste a ser obedecida. Especialmente por mí, que me la he pergeñado. Desobedezco a mis textos continuamente. En el proceso que he llamado ‘puesta en vibración’ se hallan todas las desobediencias posibles a mis escrituras; pero esto es sólo para permitir que la pintura sea ella misma y no una mera ilustración servil. Es como si un personaje de cómic actuara en contrasentido a lo que afirma en su globo de texto: actúa contrariamente al texto para ser él, e incluso podría decirse que nunca es más él que cuando desobedece. Así, por ejemplo, la última pintura de mi ‘Fábula simbólica’:  Cataractae spectatrix  –La  espectadora de la catarata—que se ha deslindado casi completamente del texto que la sustenta. La pintura busca ser ella misma siendo distinta del sistema que la formula.

Pero como este en un Encuentro de Poesía, me siento aún en la responsabilidad de aludir a la poesía con independencia de su imagen. Leeré 3 poemas breves que aún no hayan sido perfilados:

Cantos órficos


Canto 1


Soy silencio circundado de ruidos
Isla sin playas
(hijo de Calíope y de un dios envanecido)

Cuando devano el silencio con mi laúd afilado
vuelan como basuras las aves desdobladas

no quieren saber del silencio en pedazos

 
Canto 2


Estrellas en negativo: moscas
Moscas contra el cielo de mediodía
Visión constelada de abejas
Municiones de noche en meridiano
Petardos disparados desde fuera

Luego, un borrico: bolsa caliente de huesos
rotos hervidos
Hervor dónde tirar a las abejas pardas
Bilingües del negro y amarillo

Estrellas: municiones de petróleo
Y el celaje blanco en pila
Vertical de la ofrenda de Orfeo
Y una metralla de moscas violentas
que salmodian sus zumbidos
medrando geometrías

Canto 3


Última vez, espacios
Última vez, murmullos
Último Yo.

Rocen por última vez mis yemas
Pelaje y terciopelo, pared tibia y madera olorosa.

Mis miembros no encuentran reposo ni en las telarañas.
Soy esquina, último yo
Llevo polvo en los ojos.

Solo me resta agradecer la atención prestada a esta plática que he titulado como el escritor Gore Vidal tituló uno de sus ensayos: ‘Cómo hago lo que hago, pero no por qué’. El por qué es algo que uno generalmente se reserva. Entre palabra, imagen, psicograma y puesta en vibración, he descrito un sistema artístico que como en mi pintura ‘Paréntesis de Visión’ tiene un abismo en el centro mismo de su existir. Ese abismo, lo mismo que delata al ser amado, delata también su fragilidad; sin embargo, la delicadeza de sus entramados desempeña un papel que creo fundamental: enseñar al artista el arte de vivir, y de ser posible mostrar sus hallazgos a los demás…